Al llegar a Barcelona, me impactó ver cómo se cuidan las calles y los parques de la ciudad, se plantan árboles, se limpian las calles, las autopistas están en perfecto estado. Lo que me dio una impresión negativa fue ver las nubes de contaminación en el horizonte, a causa de todas aquellas fábricas e industrias.
Lo que más me sorprendió fue cuando, el primer invierno que pasé aquí, cayó una nevada. ¡Aquello era muy bonito! Igualmente fue sorprendente ver como la ciudad estaba encendida, o sea, repleta de luces. Aquí también hay mucha gente y las calles están llenas de bares y comercios. En mi pueblo de antes no era así.
También encontré curioso, en las vías del tren o en las calles, las cantidades de colillas de tabaco tirados en el suelo. Pensé que aquí, seguramente, hay más fumadores.